Inter Press en Chile, durante la época de Pinochet

Cuando creamos en el 1965 la IPS, agencia internacional de noticias, basándonos en el servicio de artículos por correo de la Roman Press Service, que yo había fundado en el 1962, entrabamos en un mundo desconocido: el mundo de las comunicaciones por radiotelegrafía. El sistema satelital, el télex y, por último, Internet, fueron llegando posteriormente.

En esta época las oficinas de las agencias informativas enviaban su material por un sistema de transmisión  telefónica a la central de comunicaciones  en cada país, que retransmitía la señal recibida por un frecuencia enviada al aire por una torre de transmisión. Esta señal tenía que ser captada por las estaciones de comunicaciones de cada país, que la enviaba por vía telefónica a la oficina de la agencia, donde una maquina transformaba la señal en impulsos mecánicos para hacer funcionar la impresora.

Todo esto se hacía gracias a los teletipistas,  el personal técnico que con un aparato transformaba las letras de los artículos que se iban a transmitir en una serie de orificios en una banda. Al pasar esa banda por el transmisor a una velocidad constante de 50 palabras por minuto,  los impulsos mecánicos se transformaban en impulsos eléctricos, que era lo que la torre de transmisión enviaba al espacio.

Esta larga introducción tiene la finalidad de demostrar cómo el mundo de las comunicaciones ha cambiado radicalmente.  La fuerza de las grandes agencias transnacionales radicaba en que tenían canales telegráficos propios:  al comienzo eran cables submarinos, lo que les daba la ventaja de tener el monopolio de la información. La llegada de la radiotransmisión redujo la brecha entre las agencias transnacionales,  porque alquilando los servicios de radiotransmisión de las empresas nacionales uno podía ya competir sin tener que hacer inversiones colosales. La llegada de los satélites ha permitido la creación de Internet. Hoy cualquier persona es transmisora y receptoras de datos, y las grandes agencias transnacionales han perdido su ventaja monopolística. Este fenómeno ha venido acompañado por la eliminación de todos los trabajos de esa época, y por lo tanto, por la desaparición de los teletipistas.ips logo

Al crear  IPS como una cooperativa  internacional de periodistas sin ánimo de lucro, dedicada sólo a pagar sueldos, el desafío fue enorme, algo que desde la perspectiva de hoy es difícil percibir. IPS se encontraba con un problema enorme: no tenía recursos para invertir en un sistema propio de telecomunicaciones, y el sistema estatal de cada país  estaba diseñado para hacer de Estados Unidos el punto de transito de todas las comunicaciones internacionales. Esto encarecía los costos y nuestra necesidad más urgente consistía en encontrar un sistema de transmisión que fuera lo mas barato posible.

Esta es la razón por la cual coloqué la  dirección  regional para América Latina, en Santiago de Chile durante el mes de marzo del año 1965.  El entonces elegido Presidente Eduardo Frei, que tenía interés en apoyarse en IPS para su plan de integración de América Latina, aceptó ordenar al gerente de Entel Chile que se hiciera un experimento: transmitir de Chile a Europa, sin pasar por Estados Unidos. El 15 de Mayo del 1965 IPS Latam transmitía su  señal de prueba, y las comunicaciones directas entre América Latina y Europa eran una realidad.

Colocamos  en la Dirección Regional a Pablo Piacentini, confundador  de IPS, juntamente con Edgar Triveri, que venía de Prensa Latina y Hugh O’Shaugnessy, contratado por ser el especialista de América Latina del Observer . Seleccioné como director de la oficina nacional a un solido y respetado periodista chileno, Emilio Filippi, que se encargó de la contratación del personal chileno. Emilio colocó como teletipista  a Luis Jara, que ya era un hombre de edad así como a varios periodistas y comentaristas, entre los cuales recuerdo el nombre de Alejandro Magnet, que después nos dejó para ser embajador en la OEA.

Hoy pocos se recuerdan como era Chile hasta el 1965. Un país tranquilo, considerado un poco aburrido en el mundo de la prensa, sin protagonismo internacional. Cuando ofrecí el trabajo de Director Regional a Gabriel García Márquez, poco antes de la salida al mercado de su novela Cien años de Soledad, el inconveniente que me puso para aceptar, no se refería a volver a trabajar en una agencia de nuevo ( el venía de Prensa Latina), pero sólo me pedía que lo colocara en algún País Europeo, ya que dejar México, donde entonces vivía, para ir a Chile no tenía sentido. La sucesión de personalidades como  Frei, Allende y Pinochet, hicieron, sin embargo, de Chile un foco de atención internacional.

Por esta razón en 1968, frente al éxito de IPS en la prensa argentina ( la chilena era muy conservadora, y totalmente al servicio de las grandes agencias transnacionales), decidí mover la Dirección Regional desde Santiago a Buenos Aires. Santiago se transformó así en una oficina nacional, aunque con mas personal que otras. Luis Jara permaneció como el único teletipista.

teletipistaEmilio también dejó la oficina, y como corresponsal decidí colocar en su lugar a un periodista extranjero, ya que la situación  política interna chilena se había radicalizado sumamente.  Y contraté a un joven periodista uruguayo, Agustin Giannoni, que estaba en Santiago cuando aconteció el golpe.

Poco meses después me notificaron que la junta había retirado el permiso de trabajo a Agustín, por haber dado noticiosas tendenciosas sobre un conflicto interno en las fuerzas armadas. Agustín, que vivía en el centro, había informado que en medio de la noche una columna de tanques había cruzado el centro de la ciudad.

Yo tenía cierta experiencia de cómo enfrentar a gobiernos golpistas y de cómo proteger a nuestros periodistas. Tuve un encuentro con el General Banzer en Bolivia, que soltó al corresponsal Jaime Humeres, retenido en un cuartel, observándome con una sonrisa sarcástica mientras hablaba de la libertad de prensa y de cómo era interés de todos que los periodistas estuvieran libres de la censura política y no comprados por intereses ajenos a la profesión: “Doctor Savio, no hay necesidad de comprar a los periodistas: basta alquilarlos”, me dijo. Él sabía que, en la lógica militar, evitar una confrontación era prueba de culpa y de superioridad.

Viajé, por lo tanto, a Chile,  y me alojé como era habitual en el Hotel Crillón, tras haber pedido una cita con el Secretario General de Gobierno, el general Pinilla, al que yo había conocido como edecán militar de Eduardo Frei, el cual me había explicado cómo el ejercito chileno era diferente de los otros ejércitos latinoamericanos, ya que creía en la democracia y en el respeto de las elecciones de los ciudadanos. Me despertaron a las seis de la mañana por un teniente que me dijo que tenía que seguirlo inmediatamente, ya que un tal coronel Contreras quería encontrarse conmigo.

Me pusieron un cuarto de un cuartel, donde no había lugar para sentarse y allí me dejaron por horas. Cada vez que abría la puerta y demandaba alguna explicación, un sargento me ordenaba volver al cuarto, y esperar.

Finalmente, ya al final de la mañana, me llevaron a encontrar a Contreras, que me leyó un informe en el cual se detallaban los 23 chilenos que trabajaban en varias oficinas de IPS,  muchos de los cuales habían sido expulsado de instituciones en el momento del golpe, como Mariano Fernández o Esteban Tomic, que al momento estaban en la Embajada  de Chile en Bonn. Esto demostraba  “cabalmente” que IPS  era un servicio enemigo de Chile, luego de lo cual pasó a tratarme con mucha grosería.teletipo cintas

Yo dejé que terminara y le explique que era totalmente normal que yo contratara personal de alto nivel profesional y que habían quedado desocupados, y que no había ningún plan político.  Se trataba sencillamente de un plan económico, que pasaba por explotar por poco dinero  a gente que no tenia otra opción que aceptar y que, gracias al golpe, tenía 23 ciudadanos chilenos a bajo coste,  que en un mercado de trabajo  normal hubieran costado mucho, de manera que lo agradecía por haberme dado esta oportunidad.  Que fueran opositores, no tenía ninguna importancia, ya que el jefe de redacción de IPS no era chileno, y hubiera controlado que la pasión política no se mezclara con el periodismo. Y que discrepaba obviamente de la expulsión de Agustín Giannoni.

Esta línea de argumentación no convenció al general Contreras, que me preguntó si lo consideraba un “huevón”. Le contesté que nunca me atrevería a pensar eso de un oficial chileno, y seguidamente le informé de que iba a sustituir  Giannoni con otro periodista uruguayo, justamente para evitar que un periodista chileno se dejara llevar por pasiones, y que por esto no estaba  abierto a escuchar los nombres que él me proponía.

Salí de esta reunión muy preocupado, y pensé volver a hacer lo que había hecho en esos casos. Buscar alguien del sistema a quien cooptar y colocar así un paraguas de protección sobre la oficina. Encontré un General de Aviación retirado, Savagnac, que aceptó ser director de la oficina de IPS  por un sueldo interesante, con el argumento que él podía ser el Puente entre una agencia internacional y el gobierno. Y me puse a buscar el substituto de Giannoni, cosa nada fácil ya que nadie quería ir a trabajar en esa situación.

En esa visita, Luis Jara me pidió autorización para que, hasta la llegada  de un periodista, en lugar de quedarse ocioso, el pudiera hacer una especie de reseña de prensa diaria, ya que mientras que IPS sólo copiara lo que decían otros diarios, nadie podía decir nada. Con esto Chile no desaparecía del servicio de noticias. Jara era un hombre modesto, casi humilde, al cual nunca había oído hablar de política o de economía. La idea me pareció buena, aunque de modesto alcance. Si esto aparecía  claramente como un resumen de la prensa diaria, iba a ser muy diferente de los otros servicios de los corresponsales. Jara me dijo que tras haber perforado miles de artículos durante su vida, tenía una idea de como hacer esta reseña en estilo totalmente periodístico. Al final acepté su oferta, e informé la redacción regional.

Después de una semana recibí un mensaje de la redacción, en que se me pedía que confirmase que Jara era un teletipista. El servicio que enviaba estaba muy bien pensado, poniendo el dedo en contradicciones y problemas, rumores y suposiciones, pero todo levantándoselo a alguna otra fuente, de manera que IPS no podía ser considerada responsable de lanzar la información. Es más, los diarios empezaron a usar esos artículos de manera creciente, ya que estaba más informada y era mucho más detallada de lo que escribían los corresponsales de las otras agencias, sometidos a una presión muy fuerte. Mientras tanto, entre Savagnac y Jara se había creado una muy buena relación, y Savagnac había demostrado varias veces que no había harina propia en el servicio de IPS.

Paré la búsqueda de un substituto de Giannoni, y subimos el sueldo de Jara al nivel periodístico, sin nombrarlo corresponsal, para que el régimen se concentrara sobre el que tenía que llegar. Mientras tanto, el servicio de Jara fue creciendo de popularidad. Radio Moscú, que tenía una importante transmisión sobre Chile escuchada por casi todos los exiliados, llegó a basarse enteramente sobre el servicio de Jara.

Obviamente, la Junta llegó a la conclusión que Jara tenia sus ideas de como hacer una reseña de prensa.  La embajada de Italia, reducida a nivel consular, tomó a Jara bajo su protección, alegando que IPS estaba establecida en Italia y dando así cierta cobertura diplomática. Jara superó con valentía el período de la dictadura, conquistándose el respeto de todos los periodistas chilenos y la solidaridad de todos los 400 miembros de la cooperativa de IPS.

Es el único caso que conozco de un teletipista que pase a substituir con éxito y diferencia a un periodista colegiado. Siempre he citado a Jara en debates sobre periodismo para sostener mi tesis: un buen periodista está hecho en el  70% de saber ver y sólo en un 30% su capacidad para escribir. Jara sabía ver, más que muchos periodistas. E IPS le debe mucho, tanto como la democracia chilena, por haber sido una voz informada y coherente durante los tristes años  de la dictadura. Jara es un recuerdo vivo y noble hoy. Algo muy distinto podría decir el Coronel Contreras, al que le hubiera encantando salir de la época de Pinochet con el mismo balance.

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